Las pérdidas crediticias (también conocidas como pérdidas por deterioro de créditos o pérdidas por incobrabilidad) se refieren a la reducción en el valor de los activos financieros de una entidad, como préstamos, créditos o cuentas por cobrar, cuando existe evidencia de que el deudor no podrá cumplir con sus obligaciones de pago en los términos acordados.
Se considera pérdida crediticia cuando:
En muchos países, las normas contables (como las NIIF 9 en el ámbito internacional o el Plan General Contable en España) exigen que las entidades reconozcan estas pérdidas en sus estados financieros, incluso antes de que el impago ocurra, si hay indicios de deterioro.
¿Te interesa saber cómo se calculan o cómo afectan a la contabilidad de una empresa?
Los fondos propios de una entidad financiera (como un banco, una caja de ahorros o una cooperativa de crédito) son los recursos que la entidad obtiene de sus accionistas o socios, así como los beneficios generados y no distribuidos. Representan la solvencia y la capacidad de absorción de pérdidas de la entidad, es decir, su “colchón” financiero para hacer frente a riesgos y mantener la estabilidad.
Los fondos propios están compuestos principalmente por:
Si un banco tiene un préstamo que no se cobra (pérdida crediticia), puede absorber esa pérdida con sus fondos propios sin afectar a los depositantes.
¿Quieres saber cómo se calculan los fondos propios o cómo influyen en la capacidad de préstamo de un banco?
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